2005/06/04

Viernes 9 de Julio de 2004: Mesa de Lectura de Poesía: Ketty Lis

21:00 – Mesa de Lectura – Poesía: A cargo de Marta Cwielong, poeta y editora de Libros de Alejandría, de Témperley, Provincia de Buenos Aires; Roberto Goijman , poeta de Trelew, Provincia del Chubut y editor de la Revista Patagonia Poesía, Majó Abeijón, poeta de Rada Tilly, Provincia del Chubut y Ketty Lis, poeta de Rosario, provincia de Santa Fé y webmaster de Poéticas, una página que pretende la difusión de la poesía del país. La mesa cerró las actividades del viernes en la Escuela de Arte, y se desarrolló en el Auditorio Joaquín Gianuzzi.
Ketty Alejandrina Lis leyó los siguientes poemas:
Madrugada
Un cierto día de marzo
nació
la opacidad de un río subterráneo.
Un globo iluminado bajó hasta la pradera
recorrió palmo a palmo los ríos y los lagos
y en el medio del monte como si fuese un dios
se acomodó el anciano.
Después de mucho andar
vertió gotas de vida en la semilla
hizo un secreto cálculo de cara al horizonte
para zarpar el viento fue propicio
y sin decir adiós se ha evaporado.
Hoy
un raro punto ígneo se reflejó en el agua
a un trazo iluminó la mansa y dulce manzanita de cristal
saltó luego hacia mí
se acomodó con gracia hacia el costado izquierdo de la mesa
y yo
absorta
miré su último destino en la vara que sahumeria.
Una figura transparente parece estar de pie
inmóvil
sobre una piedra hermosa en su pureza
ella se dibujó de golpe y si se observa bien
es una pira
aunque no se consume
no
se expande en un abarcador deseo de profundo abrazo
mira en silencio
y en silencio espera.

Y he aquí mi queja
anciano que vienes caminando de un lugar
y te vas sin decir adiós quién sabe dónde
nadie al entrar por la puerta de las lágrimas nos dice
que el número de la blancura es uno
y uno también el cuenco de azabache que nos mece.
¿Quién
di quién maltrata sin piedad las ramas
quién no protege los capullos?
De este lado del estanque hubo dos
ahora hay uno
la trama con el tiempo siempre escaso
ya no saben jugar en otro espacio
que en imagen dudosa
a distancia.
Bajo la arcada
una carta aunque breve
se obstina en presenciar la ausencia
de hoy
que no es precisamente Miércoles de Ceniza
pero Tom tose acodado en la ventana
el muelle es un timbal que percute en las olas
no hay derecho
no hay derecho me digo
más que despierta insomne
casi a las seis de la mañana.
Algunas chimeneas están con su bocaza abierta
son incontables las ventanas de los edificios
y no sé por qué
firme y sólido ahí sigue el destello.
Di anciano
¿la persona que no duerme esta noche
como yo no duermo
será un enfermo de absolutos en un mundo sano
o un ser sano buscando lo absoluto en un mundo enfermo?
La niebla se ha expandido por la casa
diez pisos más abajo alguien silba
diez pisos más arriba alguien
el cuerpo calcinado
no sabe en cuál de los armarios se ha desintegrado el sol.

Bajo continuo
A Marta Cwielong
La tarde parece andar morosa en el Torreón del Monje
luego un lago
lejos
lujo del verano
en el rosal solitario calle abajo
varilla de ámbar encendida por el mar cercano y rumoroso
y arriba
vaho y vida entre los músculos
olor salobre
áspero.
La tarde parece patinada en ocre
por un fogoso foco que espléndido circunda el círculo lunar
más allá de la escala que espera para alzar su vuelo sin un rumbo
estable/
subida al velamen de los barcos.
Cerca
un chiquillo solitario
el sueño suave
la cara sucia
tristeza
en la fotografía de la adolescente
con sombrilla de encajes y pamela blanca
y un caballo
galopando al conjuro liviano de los bosques
su espíritu herido de morado en la serena blandura de la arena.
Lo salvaje del caballo se estremece
se asoma a una casi noche enrojecida
donde debiera lucir el arcoiris
para esta joven que mira desde un pasado sin retorno.
Dónde habrán ido sus criterios
dónde sus contradicciones
porque bien pudo compartir
el rígido ritual de la mesa familiar
y hacer secretamente el amor a la hora de la siesta
al amparo de los árboles del parque
del agua clara saltarina de la fuente
en un “palacio entre luz humosa.”
Es posible también que haya celebrado su boda ante un altar
abarrotado de figuras
a veces valiosa presencia de lo artístico
siempre inútiles
y ser una elegante dama en Buenos Aires, Londres o París
aunque su cuerpo se ha desintegrado igual
con la custodia de un ángel de mármol de Carrara
comprado carísimo en Italia.
Perdió de todos modos la burbuja del misterio
lloró de todos modos la huida del misterio
al entrar en los sueños dulces
turbios
que en las mañanas se deshacen.
Fue ciertamente hermosa y quizá murió muy joven
o quizá soportó la ancianidad cegando el cristal de sus espejos.
¿Su libro preferido habrá sido la romántica historia de María?
Por qué la taiga si hasta ayer parecía florecer la primavera
prometiendo sembrar un ramo de jazmín
sobre sus párpados
¿Tal vez pudo internarse
en la profunda y bella fronda de La Sonata a Kreutzer?
Es posible que en algún momento un ojo zarco detrás de los azogues
espesa tundra interna
demiurgo en sí
haya escuchado el latido del océano
presumiendo
apresurando
la certeza de que no había demasiadas diferencias
salvo una simple y lineal cuestión de circunstancias
con aquella muchachita marchita y tan callada
a quien le regalaba sus prendas de interior
algunas de sus blusas
algunas de sus faldas
y sus zapatos viejos.
Su sola transparencia
cardo ancestral
perdida zarzamora
sólo puede mirar el andar bullicioso las madrugadas
asomada al paredón interminable de la Recoleta.
Es posible

imaginar en ese rostro terso de la adolescente
fotografiada con sombrilla de encajes y pamela blanca
rojas ramas en el roble
que sostienen la saliva volátil de los vivos
la soledad esteparia de los muertos
aunque la magnitud del tiempo se pierda sin consuelo
en la zona movediza de un desierto fugaz
donde la historia de cada historia personal se esfuma
en la hora del estruendo sin estruendo
en la hora del silencio con silencio
en los bordes imprecisos de la noche
madrugada al caer
mientras los arbolitos de la calle están sin sus tutores
esqueletos de hierro
pintados sin imaginación de negro
basural de latas vacías de cerveza o coca cola.
Tristeza
galope fantasmal en la fotografía de la joven
que alguna vez caminó por las mismas veredas que nosotros
pura transparencia hoy su rostro
a pesar de la bella sombrilla de encajes y la pamela blanca.

Una guerra personal
A Beatriz Taboada
Me refiero a que no se puede ceder
siempre.
Si quisieras como quería aquel Coelho
uno de los amigos internos de Pessoa
“posiciones de un vivir más claro y más límpido
por un sentimiento de fiebre de existir todavía más allá
del otro océano”
ceder siempre vendría a ser
la peor manera.
Me gusta caminar despacio
Mitre al norte
dejar atrás el túnel
apoyarme en la baranda que da al río
porque el aire parece alivianar el cuerpo.
Nací con estos vándalos
te digo
uno de ellos
suele tomar la forma de un gusano que se asoma
donde se abre el ojo
rojo como manzana deliciosa
paseándose por el lugar en que curva el rímel las pestañas.
No quiero pensar
ni sentir.
Algún día
la lluvia lavará la arcada de acceso a la pradera
y el amor florecerá cuando menos se lo espere
ya verás.
En el océano
hay un bote cáscara de nuez
sosteniendo la cresta de la ola
justo en el punto donde se encuentra el puerto.
Antes del derrumbe
te digo
era perfecto el orden de las cosas.
Los vándalos tiraron del cordón
hicieron trizas el columpio
dejaron algunos puentes quebradizos
y por ahí
la impaciencia filtró la tuna brava
partiendo el cuenco con saña irracional.
Si es de ver, nada serio
apenas una guerra
desolada
demencial como todas.
Por eso no quiero pensar
ni sentir
para no odiar
ni al odio
ahora que reina la reina de los bosques
la alada que impide llorar con el llanto de un recién nacido
la que prohibe investigar la incandescencia de los cráteres
la que tiene la pala de quitar la lava
enseña cómo se hace la luz nueva
vela
lava las penas
y las cuelga en una cuerda para que solas sequen
como se cuelga al sol y al viento una camisa.
Imagina una habitación a oscuras
y fuera de ella
un árbol de raíz de roca
hojas de canela en rama
la paloma de la paz a contraluz
y un aire leve moviendo los pequeños martillos que golpean
las cuerdas rígidas de un piano.
Imagina luego una habitación a oscuras
y en ella
ni tan siquiera la luz intermitente de una vela
ardiendo en el silencio
imagina un perro sin su hocico
un hombre con sombrero y sin cabeza
no como imágenes pictóricas
o un sueño
sino mazazos de una realidad sinuosa y lúcida.
Por eso no quiero pensar
ni sentir.
No sé dónde la verdad guiña
y se esconde
pues de la yema de mis dedos
puede fluir alba o setos negros
y ahí
al alcance de la mano
pareciera que ves flores
flores que se alejan cuando cerca estás.
Ahí están
ahí nomás al alcance de tu mano
los setos dicen a coro ahí nomás
y las flores cada vez más lejos.
Los vándalos golpean fuerte en la cabeza
son así
las tapitas de metal
el cable a doscientos veinte voltios.
La noción más o menos clara de las cosas
nos permite volar al horizonte
donde vibra tanto un árbol
como una hoja de papel perdida en la llanura.
Cuando voy viajando de Rosario a Santa Fe
mis ojos me aseguran que viaja el alambrado
que las vacas pastando son tan altas como un vaso.
No sé dónde la verdad
con ríspida sonrisa
nos hace un guiño y se esconde.
Entonces
¿piensas seriamente que es posible pensar
con palabras lívidas de hielo?
En Hiroshima
un niño pájaro aterrado observó la llave
punto ígneo que estalló en nueve segundos
cuando el cielo de aquel día no regaló estrellas
ciertamente.
Y bien
escucha
sonidos-cuerdas de metal
la mandolina contra un fondo de violín continuo.
Segundo movimiento.
Largo.
¿sientes
en verdad sientes
que es prudente sentir?
Ketty Alejandrina Lis
Rosario – Santa Fe