2005/06/04

Viernes 9 de Julio de 2004; Mesa de Lectura de Poesía; Ricardo Costa

20:15 – Mesa de Lectura – Poesía: Raúl Artola, poeta y narrador de Viedma, Provincia de Río Negro; el poeta y profesor Ricardo Costa, proveniente de Neuquen; Aldo Novelli, poeta y ensayista de Neuquen; y Dante Sepúlveda , poeta de Villalonga, provincia de Buenos Aires, y fue desarrollada en el Auditorio Joaquín Gianuzzi de la Escuela de Arte.
Ricardo Miguel Costa (2 de diciembre de 1958), ha publicado: Árbol de tres copas(1988); Casa mordaza (Libros de Tierra Firme, 1990); Homo dixit (Libros de Tierra Firme, 1993); Teatro teorema (Librosd e Tierra Firme, 1996); Danza curva (Ediciones Del Dock, 1999) y Veda negra (Ed. Del Dock, 2001). Sus obras han obtenido reconocimientos en; Bienal Argentina de Poesía 1991; Premio Plural, México 1992; Concurso Becas y Subsidios a la Creación Artística-Fundación Antorchas 1995; Premio Fondo Nacional de las Artes 1998; Concurso Iberoamericano de Poesía Neruda, Chile 2000 y Premio Poesía en Tierra, centenario del natalicio del poeta Rafael Alberti, Embajada. de España y Fondo de Cultura Económica 2004. Colabora con diversas publicaciones del país y del exterior. Es docente, miembro del Centro de Estudios Críticos e Históricos de la Literatura Argentina (UNC) y reside en Neuquén, Patagonia Argentina, donde vive entre la enseñanza y el aprendizaje.
Ricardo leyó los siguientes poemas:

La virtud del que escribe
se reduce a un punto de apoyo,
a un amor que los sostiene cuando dice:
agua de polvo o aire de plumas.
El que escribe necesita amor para mover el mundo,
y el mundo confía en su corazón,
en el cálculo de los cuerpos en movimiento,
en la pasión con que sostiene una utopía.
En verdad, utopía, no es más que una palabra para
/ empujar,
y él empuja como quien debe trabajar mucho para beber
aire de plumas o agua de polvo.
Sólo para que el amor sea un punto de apoyo
y el trabajo una apasionada virtud.
de: Teatro teorema
Graffiti
Una pareja de amantes
se aprieta contra una pared.
Viva Muerte, dice en la pared,
y yo los miro gozar hasta hacer de esa muerte
una palabra acogedora.
Tal vez cerrar los ojos y morderse
no sea la manera más combativa de acabar
con ella. Pero la pintura se debilita
y la muerte se convierte en una verdad
que ya no tiene importancia.
de: Danza curva
Exequias
TU boca quiebra un insulto
y lo comparte conmigo.
Luego me besa para impedir una respuesta,
para que el insulto continúe repitiéndose
en su mensaje.
Las historias no dichas aún de nuestras vidas
deberían construirse sobre un testamente.
Nosotros, los testigos del hecho, sabremos
respetar la memoria del pasado.
Mientras tanto, yo guardaré silencio por mi silencio,
ahora que tu boca cava una sepultura
y el cadáver es un beso que se rompe.
de: Danza curva
Puntos de vista
La forma más sencilla de celebrar una fundación
es marcar un punto junto al vacío.
Un punto es una partícula del todo imponiéndose
sobre la nada.
Un punto establece el origen de todas las formas
que caben en el universo, y el universo se mueve
sobre una sucesión de puntos encadenados
en el espacio.
Sobre uno de esos puntos estamos nosotros,
abrazándonos y girando en un vacío que nos mantiene
flotando sobre un silencio absoluto.
Pero lo mejor de esto no es el silencio ni lo absoluto.
Lo mejor de esto es que nadie sabe que flotamos
porque obedecemos una ley fundamental.
Creo que ese es el punto: flotar abrazados a la idea
/ de la nada
mientras los cuerpos se mueven y la fundación se convierte
en un acto de amor junto al vacío.
de: Veda negra
Papas y cuerdas
El hijo ha dejado de comer por mirar al padre.
La mirada del padre, perdida durante la cena,
atiende la lectura de una voluntad muerta:
su cuerpo moviéndose (en una noche que no es esta)
contra el de una mujer desnuda entre almohadones.
El padre reclama ese recuerdo porque es un padre
cargado en un cuerpo que flota y la memoria
le aprieta como un nudo de humo, como una cuerda
de cartón; frágil al aire, a la lágrima, a la mínima
disputa por separar al cuerpo de la memoria.
El padre resiste mientras el hijo corta la carne
y las papas caen del plato.
Ambos buscan el alimento por debajo de la mesa.
El hijo sigue las manchas de grasa para llegar
a lo que quiere.
EL padre entrega el cuello a lo que ya no puede verse
y busca, amparado por las manos, lo que antes
se mostraba más alto.
de: Veda negra
Clima
Nos comportamos según el tiempo.
Ayer, los vientos moderados de superficie
nos mantuvieron alertas respecto a posibles
cambios de temperatura.
Mi vecino cortó leña de más toda la tarde
y yo lamenté estar solo en un momento
como este.
Hoy la situación es la misma y el leñador
ha comprobado que el calor hace humo
todo el trabajo de una tarde.
Pero a él no le importa porque su mujer
ha puesto a secar la ropa junto al fuego
y ha freído unos bocaditos de manzana.
La dicha y la soledad se comportan de igual manera:
ha que trabajar duro para que la confianza de uno
se quede ahí y no se apague.
El humo siempre terminará por hacer su trabajo:
doblarse para que el viento tenga un gesto de piedad
para los que estamos solos.
Así la dicha y se anuncia según el tiempo
escapa por los hogares y vuela en pedazos por el aire
hasta dejar en el ambiente una extraña sensación
de frío y un ligero aroma a frituras.
de: Veda negra
Copia fiel
No fueron suficientes las piedras que recogí
para marcar este territorio.
Además, la madera que señalaste guardar para el fuego
nunca calentó el hogar y la cama continuó tan blanca
y abierta como hasta ahora.
Todo este trabajo fue en vano porque los días continuaron
envejeciendo en sí mismos.
Pero lo que resultó verdaderamente inútil fue el animal
que me ordenaste domesticar: esta bruta representación
que come de mí para alimentarte cada noche.
Después de la luna comienzo a dar vueltas en redondo
y golpeo ceremonialmente el lomo contra los bordes.
Así voy al apetito de mi memoria donde hay un día
idéntico a éste, un día con un tipo contando las piedras
apiladas junto a la leña, al mismo tiempo que acaricia
a un animal cuarentón que habla raro y que dice resultarle
familiar tu voz cuando te escucha.
de: Mundo crudo (inédito)
Luz negra
Con nudos trenzados por los dedos de sus manos,
con el aire abocanado en un beso que se fija cada vez más
en el vaivén que acompañan los cuerpos durante una tarde húmeda,
la pareja arruga la ropa de cama hasta batirla por los pies.
Cae el acolchado arrastrando los vasos de la mesita.
Los golpes de vientre colman de crujidos la cabecera de cedro
contra la pared.
Monta la hembra y su cabello es una nube turbia que goza en el
ondular
caliente de la entrega.
Se amarra a los lados y se hunde en una brutal aceleración
de la carne que entra a buscar la gloria de una muerte conjunta,
la que habrá de extasiarlos hasta la perplejidad más absoluta.
Empujan salvajemente. Cae la lámpara. Astilla el jarrón.
Arde en alaridos la voz de una súplica que los arroja al suelo.
Él sobre ella y los muros acaban.
El techo se viene entero y el panorama se desata en un torrente
de restos mínimos, en una desolación polvosa del silencio
que cabe en la boca de ella: abierta, ahogada, vacía,
como la pausa que expande la luz
después del final.
de: Mundo crudo (inédito)
Vuelo abierto
La mecánica natural del alma
hace que las pequeñas miserias
se conviertan en el riego natural del ojo.
Gota a gota trabaja la tristeza mientras el llanto
activa cada parte, cada minucia ordenada
en la memoria del dolor.
Entonces viene tu abrazo, tu súplica,
y el llanto avanza, transforma tu pérdida
en un sufrimiento líquido.
El ojo se cierra y la gota viene a colgarse de tu nariz.
Cae, y antes de estrellarse, forma en el aire un mundo
ausente de nosotros; un mundo transparente
que alcanza a brillar, a sacudirse como si estuviera vivo,
a reflejar dos rostros sorprendidos que no comprenden
cómo la naturaleza puede perder algo tan bello,
tan perfecto a la hora de reventar y que no los contenga
en cada astilla de agua que vuela cuando se abre.
de: Mundo crudo (inédito)
Una naranja
EL cuchillo recorta circularmente la naranja
bajo su cáscara.
Hace correr el jugo entre el filo y la pulpa,
marcando el cauce de un camino líquido
que rodea a la fruta para venirse a tu mano.
Viéndote ejecutar esa maniobra, pienso que
algo terrible ocurriría con mi corazón
si tu apetito cayera en desgracia.
Ese movimiento giratorio, ese descascarar
en crudo para llegar al brillo de la pulpa,
daría con la parte más débil de un hombre
y la desnudez de su sangre brotaría hasta
manchar sus ojos de la manera más vergonzosa.
La diferencia la marcaría el ángel que mueve
tus manos.
Porque la fruta gira entre tus dedos para que
su carne se abra por entero a la luz.
En cambio, un corazón se pudre si no se lo corta
en el momento preciso.
Queda dudando lejos, cavado en una ruina oscura,
a treinta y cinco centímetros por debajo
de la boca.
de: Mundo crudo (inédito)
Ricardo Miguel Costa
Neuquén